lunes, 24 de octubre de 2011

Festival de Series 2011 (I): discurso de Álex de la Iglesia




El pasado jueves día 20 tuvo lugar el acto inaugural de la III Edición del Festival de Series de Canal + en el Cinesa Producciones de Madrid. El acto, que comenzó a las 19 horas, estuvo protagonizado por Robert Kirkman, padre de 'The Waking Dead', quien pudo estar presente gracias a una videoconferencia realizada desde Los Ángeles. Como representación española tuvimos a Álex de la Iglesia y a Antonio Muñoz de Mesa, además de la encargada del blog del festival, quien con un más que correcto inglés realizaba las preguntas a Kirkman. 



Él, aunque no de cuerpo presente, estuvo espléndido y simpático, y toda la sala quedó encantada con el resultado final. Cero problemas técnicos y cero complicaciones que, sumado al desparpajo del estadounidense, dieron como resultado una apertura excelente para el festival.

Posteriormente, Álex de la Iglesia se quedó solo en el escenario para leer un discurso sobre el mundo de las series en general y 'The Walking Dead' en particular. Te puede caer peor o mejor, pero lo cierto es que aquí el tío estuvo genial. Nada faltó y nada sobró en sus palabras, que terminaron con una fuerte ovación del público allí presente. También es verdad que poco pintaba un director de cine en este festival, y que su charla fue más encaminada a una crítica a la industria que a hablar sobre el fenómeno televisivo de las series. Aún así, vuelvo a decir que estuvo más que acertado. A continuación, os dejo el discurso que dio el pistoletazo de salida a esos cuatro días mágicos que todos los amantes de las series vivimos en Madrid:


"Tengo un problema. Me dedico al cine, pero como espectador prefiero las sieres. Estamos aquí para hablar de una serie de zombies, y no sobre películas de zombies a las que estábamos hasta ahora tediosamente acostumbrados. Obviamente esto no es solo cosa de Kirkman o Frank Darabont. Esto es un fenómeno que trasciende, pero que ‘The Walking Dead’ ejemplifica de manera magistral.

En primer lugar, el mundo del cine está dominado no por los criterios de un estudio, o los de un director o productor o guionista o por los intereses del público, como podría parecer natural. La industria, desde hace tiempo, está fundamentalmente dirigida por abogados. Grandes empresas de representación como ‘ACM’ o ‘William Morris’ son los que ponen en marcha en su origen los proyectos cinematográficos. Las películas se construyen, la mayoría de las veces, a través de las necesidades de una compañía que representa a un actor. Sus abogados buscan proyectos específicos para su representado y ponen de acuerdo a guionistas para que trabajen en su desarrollo. Un actor y su productor ejecutivo pueden llegar a tener doce o quince proyectos en desarrollo, de los que solo uno verá la luz. Esto he tenido oportunidad de comprobarlo personalmente.

Son los abogados los que eligen los guiones. Son los abogados los que generan paquetes donde el guionista, el director, se convierten en piezas que encajan en el puzzle de la producción. Las decisiones que se toman a cerca de qué historia contar y cómo contarla se establecen a través de un estudio de mercado. Y, ¿cuáles son las necesidades de ese mercado?

Los criterios artísticos y creativos, que sería lo normal, dan paso a las valoraciones económicas de viabilidad. Un proyecto necesita triunfar en taquilla, por lo menos en cine, y para ellos cumplir una serie de requisitos.

Primero: intentar no contar nada nuevo, sino precisamente repetir más de lo mismo. No es rentable arriesgar el presupuesto de una producción sobre un material del que no se tienen referencias. No se puede sorprender al espectador con algo que le confunda, por lo que es recomendable que ya lo haya visto anteriormente. El espectador debe encontrarse con lo mismo diferenciado. Es decir, la misma ensalada pero con diferente salsa. De ahí el interés por los remakes que actualmente pueblan los cines. Los abogados buscan reproducir una y otra vez la misma película, pero con otros actores o con una distinta puesta en escena.

El género fantástico es en el que en mayor medida se sufre este proceso de involución. Las mismas películas de zombies así lo demuestran: George A. Romero, como un zombie, ha sido resucitado, asesinado y vuelto a la vida docenas de veces.

El segundo punto esencial es intentar no molestar a nadie, que el abanico del público sea lo más amplio posible. De ahí que en producciones de alto presupuesto los guiones sean tan planos y previsibles. La película tiene que gustar a los adolescentes en primer lugar, que son los que más acuden a las salas. Después tiene que gustar a los niños, y no ofender a los padres, porque no les llevarán al cine. Por último, tiene que apoyar los valores establecidos: la familia es la clave. Todo el cine que produco Hollywood es básicamente ‘Disney': familiar, bien intencionado y moralmente impoluto. No es una decisión política, es exclusivamente económica.

 Digerido todo esto el público se enfrenta los fines de semana a productos de consumo que se olvidan al día siguiente. Las películas se queman el primer fin de semana. A los abogados, que no trabajan en el cine como creadores, esto les importa bien poco. Si los técnicos y los artistas ‘palman’ en películas de usar y tirar no es su problema, siempre habrá nuevos actores, guionistas y realizadores que ocuparán su puesto. Y, ¿qué dice el espectador de todo esto?¿Qué decís vosotros a cerca de todo esto?

Muchos no lo sabéis, mucho no lo saben, a otros no les importa: aceptan el juego porque no han sido educados para jugar a otra cosa. Pero afortunadamente no todos, sobre todo ahora. Creo que el éxito de las series precisamente proviene de esta sensación de hartazgo. Yo creo que se ha sobrevalorado al espectador. Actualmente hay un público visualmente muy informado, culto en imagen, difícil de engañar. Es posible que la cultura ya no se identifique exclusivamente con la literatura. Hay gente muy culta visualmente. Quizás no haya leído ‘La Celestina’ o ‘El Arcipestre de Hita’ pero sí ha visto toda la filmografía de Wes Craven, por ejemplo, y esto es importante.

Yo creo que este público busca otro tipo de contenido, está también harto del mainstream. Os pasa a vosotros y me pasa a mí como espectador. Solo en ciertos canales de televisión se dan las condiciones necesarias para poder ofrecer algo distinto.

La televisión por cable tiene un mercado más cerrado que permite arriesgar mucho más. Los productores ejecutivos de las series de televisión buscan precisamente diferenciarse para competir con productos cinematográficos que manejan un presupuesto mayor. La cuestión es esa, ofrecer algo que el cine ha olvidado hace ya mucho tiempo: un producto inteligente.

¿Cómo se ha producido el milagro? Para mí el milagro se produce en HBO y se llama ‘Los Soprano’. Es el momento en el que todo casca. Alguien hace algo muy bueno, moralmente inaceptable, con personajes corruptos, con personajes malos. Lo peor de todo: malos, corruptos pero los comprendes y los quieres. HBO enciende la mecha de la explosión que romperá los moldes anquilosados de la televisión tradicional. Esa explosión destroza los esquemas de producción habituales desde su origen.

En primer lugar, las historias van dirigidas a un público adulto, cosa que ya es de flipar. Yo creo que la primera sensación de que algo iba mal la tuve con la segunda trilogía de Star Wars, ¿no? Un público adulto sin concesiones a la familia, a los sentimientos fáciles o a la corrección política. Eso es nuevo y, claro, lo nuevo gusta.

Los finales no son previsibles, son extraños y desagradables. El público comienza sorprendiéndose, luego fascinándose, para después engancharse. En un episodio todo puede cambiar, porque la estructura narrativa de una serie, a diferencia de un largo, lo permite. En una serie no hay un arco que mantener. Los personajes, las tramas, pueden desaparecer y morir. Eso sí, manteniendo siempre una consistencia y una solidez del conjunto. Esto es lo que nos dice que la serie mola.

El público se enfrenta por fin a productos inclasificables donde los personajes puede que no actúen como uno se espera, cosa que ya no sucede en ninguna película. Lo único que nos sorprende es la forma en la que ocurre. Aquí los guionistas se estrujan el cerebro para sorprender, atado siempre a las necesidades de una coherencia unitaria global necesaria para que el público no pierda interés y se desenganche. Las series tienen ahora más que ver con la novela decimonónica por entregas, Dickensiana, que con el esquema de narración clásico habitual.

Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de algo único: una serie de zombies. FOX ha tenido la valentía de apostar por un producto en el que los zombies pierden cabezas, y además de verdad, en prime time. La sangre salpica. Lo curioso es que eso es lo de menos. Lo fuerte de la serie es lo bien que están desarrollados sus personajes. En sus relaciones, en contar su historia, su día a día rodeados de una realidad de pesadilla.

Los protagonistas son empujados a vivir en una comunidad de vecinos muy desagradable. Una comunidad de vecinos aburridos y lentos, que no hablan ni sienten, que solo quieren chuparte la sangre y amargarte la existencia.

Es una serie de zombies… ¿o es un drama sobre la vida de cualquiera de nosotros que estamos aquí en esta sala? ¿no os sentís así? ¿por qué nadie reacciona? ¿por qué todo el mundo se mueve en rebaños como los muertos vivientes de Atlanta? ¿no os sentís rodeados de zombies? ¿no creéis que sería mucho mejor si nos enfrentáramos a ellos?

¿No echáis de menos una recortada en las manos? Esto lo dejo ya a nivel de debate"


viernes, 23 de septiembre de 2011

Lapislázuli: manufacturando una joya desde cero


Carmen Boza es una artista que anda por ahí, de sala en sala, tocando lo mejor que puede y sin hacer demasiado ruido fuera de ese mundo tan selecto. Aún así, una vez que la escuchas quedas prendado de su talento, de su voz y de su magia. Le predije un gran futuro, y así va a ser. Prueba de ello es el lanzamiento de una joyita que ha ido manufacturando desde cero, desde aquel “Magia” hasta ahora.

No me canso de alabar a esta señorita, y ahora ya está aquí. Tras cuatro meses de trabajo ya tenemos en formato digital el EP de Boza, “Lapislázuli”. Llevábamos tiempo siguiendo sus pasos desde su blog, donde iba colgando vídeos e informando sobre la producción de esta pequeña obra de arte que ahora ha publicado. Y reconozcámoslo: Boza ha parido un EP simplemente cojonudo. Tenía bastante miedo respecto al resultado final; un artista que tan bien suena en acústico puede estropearse con la producción y los matices que se le dé a determinados temas, que piden intimidad, cuidado y respeto por los pequeños detalles (como lo son la mayoría de sus canciones). Pero no ha sido así, y la dedicación en pulir cada vértice del proyecto ha sido absoluta, quedando los cinco pedazos que componen el EP perfectamente hilados y compuestos.


Empezamos con “Dos puntos sobre O” (o “Ö” como se hace llamar gráficamente). Desde el principio ya podemos adivinar por dónde va a tirar el resultado, y las impresiones no pueden ser mejores. Tanto guitarras como bajos suenan genial, y la voz de Boza sorprende tremendamente en la versión de estudio. Mención especial al estribillo y a los coros que ella misma hace. Un sobresaliente como una casa para este corte.

Le sigue “El Ejército” (…”de los catadores de Sión” en su versión inicial). Y aquí sí que se deja ver toda la esencia de Boza. Guitarra y voz empastadas perfectamente para hacer estremecer. Siendo esta una de sus mejores canciones (por no decir la mejor), el resultado vuelve a ser simplemente sobresaliente. Esos “Uuuu” enamoran.

Con “Fisiones Nucelares” (referencia a Los Simpsons incluida) el EP sube de nivel, y se nos muestra a una artista que poco tiene que ver con esa de las sesiones de El Búho Real. No por ello deja de ser magnífica, y he aquí otra joya más. Aunque, si se me permite ser picajoso, puede que este sea el tema que menos me ha convencido del conjunto final; es genial, pero creo que se le podría haber sacado más miga al material. Porque potencial, haberlo haylo.

En cuatro lugar encontramos “Cuatro Traste”, que pasa ahora a llamarse “Sirenas”. Si no nos habíamos enamorado ya de su voz, los primeros segundos de este cuarto tema harán que caigamos simplemente rendidos a sus pies. Poco más que decir, uno de mis temas favoritos de todos los que haya compuesto y publicado.

Pero Román y Boza no son tontos, y nos han dejado lo mejor para el final. Como quien se come el Bollycao y encuentra el chocolate al fondo, este tema se presenta como el mejor y el más cuidado de todo el EP. “El pequeño vals sin título” se hace mucho más apetecible en esta versión de estudio que en directo, cosa de la que pocos artistas de este tipo pueden presumir. Aquí se ha pulido cada detalle al máximo, y no hay ni un solo elemento que desentone en sus 4 minutos de duración. Redondo, simplemente redondo. Cojonudamente bueno.

Con un final así, la sensación que deja “Lapislázuli” es de estar ante algo grande, ante algo muy grande. No creo que Carmen tarde mucho en obtener el reconocimiento que merece y va en camino de convertirse en un verdadero animal musical.



Es una verdadera pena que artistas así queden escondidos detrás de multinacionales y calcos zafios que hacen llamarse artistas. Es una verdadera pena que Boza solo pueda producir (autoproducir) 500 ejemplares físicos de esta joya. Pero es un honor que ella nos traiga su música y haya hecho el esfuerzo de que nos empapemos con ella. Es un verdadero honor haberla visto fabricar esto con tanto empeño; es un verdadero honor haberla visto manufacturar este “Lapislázuli” y, personalmente, tremendamente gratificante haberla seguido desde sus inicios.

La versión digital se puede adquirir ya desde aquí por 3 euricos de nada. Para la edición física (limitada a unas 500 copias como ya he dicho) debes ir a un concierto suyo y pagar 8 euricos. Ella promete que va a recorrer todas las esquinas del mundo para repartir este formato, aunque dudo bastante que se pase por Zaragoza de aquí a poco tiempo. Aún así, la estaremos esperando.

PD: Por cierto, grata sorpresa encontrárnosla en el Arenal Sound Festival junto a los caffeinos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las desgracias nunca viene solas: mainstream casposo (I)


Spotify es mi mayor recurso a la hora de conocer la música mainstream que más lo peta a nivel nacional e internacional. Gracias a la sección “Novedades” se pueden escuchar grandes perlas que hacen a uno tener ganas de darse cabezazos contra la pared hasta que el hormigón se amolde al cráneo, pero también podemos escuchar muestras de música popular que son bastante entretenidas y de una calidad notable. Nunca he renunciado a escuchar pop por ser “pop”.

Mi sorpresa fue enorme cuando el otro día estaban todos allí, en la misma página: Paulina Rubio, La Oreja de Van Gogh, Avril Lavigne, Jason Derulo, Shakira… Y entonces llegan mis instintos suicidas, que me proponen un reto: alejar los prejuicios y escuchar todas estas muestras musicales e intentar analizarlas desde el lado más objetivo posible. Tras el citado experimento, si por mí fuera, no quedaría una sola pared en pie.

Empecemos por el cantante al que más le gusta su nombre: Jason Derulo. Este es el mainstream más rancio y más casposo con el que uno se puede encontrar. Bases machaconas, letras dignas de 3+2 (ojo, el Derulo dice de su “It Girl” que es “much more than a Grammy award”), temas destinados a romper las listas sin ninguna pretensión musical y artistas que son todos un calco el uno del otro (Derulo, Taio Cruz, Iyaz, Usher y demás carne de futuras colaboraciones con Guetta).



Aún así, como ya he dicho, me dispuse a escuchar se nuevo disco “Future History” e intentar analizarlo. Resultado: no hay ningún tema destacable que no hayamos escuchado ya, pero sí que hay algunos que ponen los pelos de punta. A destacar, todos los momentos en los que el cantante decide empezar cantando su nombre con acento sexy (“Ouuhh yeaah Jason Deruloo”) y sobre todo, la espeluznante “Be Careful”. Cuando el Derulo intenta ir de profundo consigue parir un corte digno de los primeros discos de Christina Aguilera. Dejo para el final “X” del que solo diré lo siguiente: “I Am Still In Love , Love, Love, Love, Love, Love With My Ex”. Pues eso. Producción muy cuidada y muy internacional para arrasar en ventas y en los 40, pero que no pretendan vendernos a un artista serio porque no cuela.

Para terminar la primera parte de estas entradas dedicadas al mainstream casposo toca hablar del último single de la ¿cantante? Paulina Rubio. Y voy a decirlo así claramente para saber a lo que nos enfrentamos: no he escuchado semejante mierda jamás. Lo de Derulo tiene su pase para bailar en una discoteca hasta arriba de gintonics o cualquier otra sustancia estupefaciente, pero lo de la mexicana no tiene nombre. Intenta hacer una mezcla de su género casposo de canción del verano uniéndolo a algo parecido a Pitbull con unos coros interminables y ametralladores que rezan “Oeoeeeo, oeoeeeo”.


El resultado es una auténtica bazofia. Un tema así tiene como principal pretensión hacer bailar a la gente en alguna pista, pero no consigue ni eso. Lo peor es que la canción es de una simpleza tan palpable que uno siente que le están tomando el pelo y que esto no puede ser algo serio. Y la letra… ay la letra. Mejor dejo aquí la canción y juzgáis vosotros mismo.